Desde hace un tiempo se ha intensificado en Argentina el debate sobre la competitividad de las empresas. El programa puesto en marcha por el gobierno nacional (que se apoya en 4 pilares: estabilización macroeconómica, instauración de una economía de mercado, desregulación y apertura e inserción externa) está dejando en evidencia que es más necesario ahora para las empresas, especialmente las pymes, el desarrollo de atributos competitivos.

En Argentina hay numerosas empresas que desarrollan capacidades competitivas, pero, por la deficiente organización económica padecida durante décadas, ellas no han generado fortalezas suficientes que ahora deben crear o recrear.

En nuestro país hay unas 550.000 empresas formales (registradas y con al menos un empleado); aunque si se suman las micro organizaciones -informales o sin asalariados- se estima que el universo alcanza cerca de 850.000 unidades. Y, de ellas, se considera que son microempresas el 83%; mientras son pequeñas y medianas el 17%; y son grandes empresas solo algo más del 0,2% (unas 1500 compañías). Aunque estas grandes empresas concentran una parte sustancial del valor bruto de producción y de las exportaciones.

Son empresas de capital nacional más del 98% de total (concentradas fuertemente en el sector PyME). Y son de capital extranjero o con participación transnacional entre el 1 y el 2% del total. Aunque entre las 500 empresas más grandes del país cerca del 60% cuentan con participación de capital extranjero (las cuales generan casi el 78% del valor agregado bruto).

Las PyMEs representan la mayor parte del entramado empresarial argentino.
Las PyMEs representan la mayor parte del entramado empresarial argentino.

Por esta diversidad, es difícil concluir cuáles son los atributos competitivos necesarios para el éxito en esta nueva etapa: son diferentes las exigencias para las grandes que para las pequeñas, para las micro empresas que para las medianas.

Sin embargo, considerando la mayoría de las empresas (que son micro, pequeñas o medianas) es dable considerar que la doctrina, los especialistas y los estudios, han desarrollado una lista de una serie de atributos competitivos para lograr el éxito en una economía como la actual, que se basa en un sustancial cambio tecnológico, la consolidación de la economía del conocimiento y fuerte incidencia de fenómenos exógenos o externos.

Puede esbozar una lista de 9 atributos que es bueno que (en el mayor número posible) las empresas desarrollen para lograr el éxito.

El primer atributo crítico es la generación de una estrategia. Pensaba el gran teórico de la guerra Carl von Clausewitz que la estrategia es lo que pensamos antes de actuar mientras que la táctica es lo que pensamos durante la acción. El término estrategia proviene del griego stratēgia (el arte del que tiene el rango de general) y se define como un plan integrado y coordinado de acciones diseñado para alcanzar un objetivo principal a largo plazo.

Un segundo atributo es el conocimiento. Actuamos crecientemente en una economía en la que el principal modo de generar valor es el saber incorporado en los procesos de producción (por eso expresa la WIPO que la inversión en “intangibles” crece con más fuerza que en “tangibles” en el planeta). El principal capital a generar en una empresa es el capital intelectual (tal como lo enseña Mariano Bernardez).

El tercer atributo es la innovación. Además de lo expresado, debe considerarse que el ciclo de vida de los productos se acorta (tal como surge de la enseñanza de Rita Gunther McGrath en “El fin de las ventajas competitivas”) por la vorágine del cambio tecnológico, y todos debemos estar preparados para entender los cambios que el mercado nos propone para innovar -aun en medio del éxito-. Innovar no es hacer lo mismo que otros pero mejor, sino que es hacer lo que otros aún no han hecho.

El cuarto es el desarrollo tecnológico. Todo esto debe apoyarse en una convergencia técnica (no cualquier tecnología sino la apropiada para el desarrollo de la estrategia).

La innovación y la tecnología son pilares de la competitividad empresarial.
La innovación y la tecnología son pilares de la competitividad empresarial.

Y el quinto es un buen (novedoso) modelo organizativo. El modelo del éxito está cambiando hacia organizaciones flexibles, desburocratizadas, ágiles, abiertas. Lo que incluye un adecuado capital humano y tipos de liderazgo “democráticos” consistentes.

El sexto es lo que John Kay llama (en su “Fundamentos del éxito empresarial”) la arquitectura vincular. La complejidad de la nueva economía impide que podamos avanzar solos. Y por eso es preciso (dice Kay) desarrollar (no solo contratos legales sino) contratos “relacionales”. Vínculos profundos con terceros con los que puede llevarse a cabo el proyecto en medio de una economía que es “borderless” (ya sin los límites por industrias anteriores). Así se puede lograr lo que Henry Chesbrough llama “open innovation”.

El séptimo es la reputación: este es un mundo de empresas más que de productos, y lograr el buen reconocimiento y la confiabilidad es algo crítico.

El octavo es la construcción de ciertos activos estratégicos para sostener todo lo demás.

Y el noveno es la calidad: nada sirve si no nos adaptamos a una economía en la que el paradigma del menor costo está gradualmente siendo desplazado por el del mayor valor.

Así, la nueva economía exige competitividad, pero se entiende crecientemente a la competitividad no ya como la capacidad de competir contra otros sino como la de ser competente para lograr altos objetivos.

Por eso se suele explicar que para que un producto, una empresa o una persona sean verdaderamente competitivos deben ser adecuados (cumplir con las necesidades del mercado o la tarea), proporcionados (mantener un equilibrio correcto entre costo, calidad y valor prestado) y eficaces (lograr el objetivo o resultado esperado con solvencia).