La obsesión de los economistas del FMI con las reservas del Banco Central es difícil de exagerar. Es imposible leer cinco páginas seguidas del último “Staff Report for the 2026 Article IV Consultation and Second Review under the EFF” sin tropezar con una mención. En el documento de 136 páginas la palabra “reservas” aparece 172 veces y en 70 páginas (más de la mitad) se toca el tema. Si se cruza la palabra “reservas” con otros términos como NIR (la abreviatura de “reservas internacionales netas”, en inglés), compras de dólares (“FX purchases”) y “buffers”, casi siempre referidos a lo mismo, se acerca a las 300 menciones. Por ejemplo, la referencia al “nivel y cobertura de reservas netas” se encuentra en 82 líneas y 38 páginas; y la alusión a la “necesidad de acumular/reconstruir reservas” está presente en 41 líneas y 29 páginas distintas.
Semejante obsesión tal vez se entienda porque el país viene de incumplir la meta de reservas netas de diciembre 2025 por u$s 10.000 millones y conseguir un segundo perdón en menos de un año por los desvíos. Pero los burócratas de Washington no parecen enfocados en facturas del pasado, sino en los temores que les genera el futuro, en particular, la elección presidencial en 2027. En especial después de la corrida cambiaria en la previa de la elección legislativa pasada, en la cual el Fondo fue un espectador más y sólo se frenó gracias a la inédita intervención del Tesoro de los Estados Unidos.
En uno de los pasajes, el FMI lo expresa así: “Es importante que Argentina aproveche la actual ventana de oportunidad para fortalecer su resiliencia mucho antes de las elecciones presidenciales del próximo año, reconstruyendo reservas y extendiendo la duración de las obligaciones de deuda de corto plazo, al tiempo que evita una dependencia excesiva del financiamiento oficial y de la apreciación cambiaria como herramienta para la desinflación de corto plazo”. Nótese el tono propio de los “mandriles”.

La nueva meta de acumulación de reservas con el Fondo es un crecimiento de u$s 8000 millones de dólares de las reservas netas a fin de año. Obviamente, netas de las compras de dólares del Tesoro al Banco Central para pagar vencimientos de deuda en dólares. Hasta inicios de esta semana, en lo que va del año, el Central llevaba comprados unos u$s 9200 millones, pero a su vez le había vendido al Tesoro u$s 5359 millones, con lo cual las reservas netas aumentaron en casi u$s 4000 millones. Sin embargo, más allá de la meta formal, en el documento del FMI se reitera que lo deseable este año sería que se sobrecumpliera el objetivo: “Existe un entendimiento compartido sobre la importancia de reconstruir decisivamente las reservas y procurar sobrecumplir las metas dadas las incertidumbres asociadas a las elecciones presidenciales del próximo año” (perdón por la repetición).
En la contabilidad del FMI, las reservas netas son aún hoy negativas en -u$s 6500 millones, porque se restan los fondos que el FMI le prestó al Tesoro y el Tesoro le transfirió al BCRA, cancelando deuda con la autoridad monetaria. Es un mensaje: esos dólares no son para usarse. En la contabilidad tradicional, las reservas netas ya son positivas en u$s 3600 millones.
El FMI presiona por una fuerte acumulación de reservas por tres motivos. Primero, la capacidad de repago: “El bajo nivel de reservas líquidas de Argentina continúa representando riesgo para su capacidad de repago, especialmente considerando las muy elevadas obligaciones de deuda de corto plazo y la potencial volatilidad de cara a las elecciones presidenciales de 2027”. Segundo, el riesgo de un shock externo: los técnicos ven de “alta probabilidad y alto impacto” un agravamiento de la crisis en medio oriente, con un escenario de estanflación mundial y mayores restricciones financieras. En ese caso, recomiendan: “...Aprovechar las ganancias extraordinarias asociadas a las exportaciones de petróleo para acelerar la acumulación de reservas, lo que podría ayudar a reducir el riesgo país de Argentina...”. Tercero, el peligro de un shock interno: temen que (de nuevo) “la elevada incertidumbre política de cara a las elecciones presidenciales de 2027” desate otra corrida cambiaria.
Sin embargo, hoy tal vez sea tanto o más importante que las reservas, monitorear el ritmo de recuperación de la economía. De eso dependerá la percepción en los mercados financieros de la chance de reelección de Milei en 2027. Según Aresco, del 40% de “valoración favorable” que todavía mantiene la gestión Milei (contra 57% desfavorable), un 26% dice que “lo va a acompañar hasta el final”, mientras que un 14% responde que lo va a acompañar el año próximo “sólo si las cosas mejoran”.
El EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) muestra cuatro fases bien diferenciadas en la era Milei: con base 100 en noviembre 2023, la primera con una caída de 3,8% hasta abril 2024. La segunda de fuerte recuperación, impulsada por la recomposición del poder adquisitivo salarial y el boom de crédito: 8,8% de crecimiento entre mayo 2024 y febrero 2025. La tercera, de estancamiento, con el frenazo que provocó la corrida cambiaria, la disparada de la tasa de interés y el salto de la morosidad de las familias: entre febrero 2025 y noviembre 2025, el EMAE cayó 0,6%. Pero con los sectores del agro, minería, bancos y petróleo/gas en acelerada expansión, así que el golpe en el resto de la economía fue mucho peor.
En diciembre pasado, la actividad tuvo un empuje por la cosecha excepcional de trigo y la minería. Desde entonces entró en un serrucho: tras un muy mal arranque de año, con el repunte de marzo, la economía sólo creció el primer trimestre 1,7% respecto a igual período del año pasado. En marzo, el EMAE era 6,6% superior a noviembre 2023: el récord de actividad que publicita el Gobierno. Pero con la construcción -20% abajo, la Industria -3,2% y el Comercio -3%, sectores intensivos en mano de obra y catalizadores del humor social.
La consultora Equilibra estima que el EMAE habría caído 1,5% desestacionalizado en abril contra marzo. Si ese serrucho se confirmara, la economía estaría estancada desde comienzos de año, y sólo 1,5% arriba del primer cuatrimestre de 2025.
El relevamiento de expectativas de mercado de consultoras privadas –10 mejores pronosticadores-- proyecta para este año un crecimiento del 2,5% y el FMI se estira a 3,5% ¿Alcanzará para entrar al año electoral, acotando el riesgo que, todos descuentan, gatillaría una elevada incertidumbre alrededor de la reelección presidencial?




















