
La Argentina está desarrollando diversos instrumentos (como el RIGI, el RIMI o ahora el proyecto de súper-RIGI) para recuperar posiciones en materia de inversión extranjera directa (IED). El gobierno está comprometido en la promoción de la IED a través de diversos instrumentos (como el acuerdo con los Estados Unidos o los mismos tratados de libre comercio con la Unión Europea y el EFTA). Y hasta efectúa viajes promocionales varios.
El propósito es muy significativo y pretende recuperar posiciones luego de muchos años de retraso en la materia. La escasez argentina en su acervo de inversión extranjera directa acumulada en su territorio (que se pretende corregir ahora) es el resultado de lustros previos de agresión económica a esa inversión externa (a través de sobrerregulaciones, distorsiones de mercados, aislamiento económico internacional, intervencionismos discriminatorios, inseguridad jurídica y desorden macroeconómico).
Es más: si se coteja históricamente, se logra advertir palmariamente el movimiento decadente argentino en este rubro: hace un cuarto de siglo nuestra participación en el total mundial de inversión extranjera nos concedía un ratio que más que duplicaba el actual.
Computando la inversión extranjera por el stock acumulado -que es la modalidad en que se logra una visión más integral que la que se obtiene de la mera observación del flujo anual-, se detecta que -según la UNCTAD; que es la oficina de la Organización de las Naciones Unidas dedicada al comercio, la inversión y el desarrollo- el stock de inversión extranjera directa (entendido como el total de existencias) con los últimos datos anuales comparados entre países de la región (2024) en Argentina fue de u$s 175.438 millones. Hay que decir que hoy, contando con datos nacionales actuales, en realidad (según los datos del BCRA, aun no computados en la comparación internacional con otros países de UNCTAD) a 2026 se eleva a u$s 181.037 millones.

Se tome el dato que se prefiera, lo cierto es que el importe referido es bien menor que el de varios países de Latinoamérica: en los datos referidos de UNCTAD en Brasil se eleva por sobre los u$s 900.000 millones, en México llega a los u$s 720.000 millones, en Colombia y en Chile ronda los u$s 270.000 millones. De tal modo que todos ellos superan (algunos generosamente) el acervo que exhibe Argentina. Pero este es un problema de la historia (falta de acumulación) y no del presente, y ahora tenemos la oportunidad de corregir con los varios anuncios de inversión que se están haciendo en el país. Como hemos visto, la performance hasta hoy ha sido pobre. Más aún: algunas economías bien menores a la Argentina tienen existencias de inversión extranjera no demasiado inferiores a la nuestra (en Perú, el stock en 2024 es de casi u$s 140.000 millones).
A los efectos de hacer comparaciones que nos permitan evaluar, diversas entidades (como la UNCTAD) suelen elaborar la ratio IED/PBI: se mide la relación entre el stock de inversión extranjera y el PBI de cada país, lo que -pese a que coteja un stock con un flujo- permite calificar la situación de cada país al relacionar la dimensión de las existencias de inversión extranjera con la dimensión de una economía -medida en su PBI-.
En este sentido, la situación argentina comparada con sus vecinos (con los datos referidos, los últimos disponibles con comparaciones entre países) es peor que la descripta al computar la IED en meros términos nominales. Esto ocurre ya que la ratio IED/PBI fue 81% en Chile; 64% en Colombia, 49% en Perú, 44% en Uruguay, 41% en Brasil y apenas 29% en Argentina. Inclusive, yendo un poco más lejos, esa ratio alcanza 77% en Panamá, 63% en Costa Rica y 48% en México.
En Latinoamérica (en la que el stock sumado de inversión extranjera directa fue en aquella medición antes referida u$s 2.921.767 millones -o sea, casi u$s 3 billones-) esa ratio (IED/PBI) fue del 40% (y es, por tanto, casi 40% mayor que en Argentina).
Por lo tanto, ahora, los numerosos proyectos de inversión que están conociéndose (el RIGI tiene iniciativas por unos u$s 100.000 millones) permitirían cambiar una realidad repetida hasta la actualidad: un stock de inversión extranjera directa muy bajo en relación con la región.
Esta escasez histórica argentina a su vez debe ser evaluada más rigurosamente si se advierte que Latinoamérica tiene un stock de inversión extranjera muy menor al de las regiones más prósperas del planeta (el stock de Asia es 300% mayor que el de Latinoamérica, mientras que el de Europa es 450% mayor que el de nuestro subcontinente y el de Norteamérica es 500% mayor que el de nuestra región).
Crecer en la materia aparece como un requisito para la Argentina. Estamos, pues, ante una oportunidad.
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